Cuando sos chico, tenés algo muy
claro, tu juguete preferido, es tuyo. Si ves que alguien lo quiere, sin dudarlo
decís, es mío. Defendés con uñas y dientes lo tuyo, tu juguete, tu lugar, tu
novia, pero siempre aparece alguien que viene a disputártelo. Puede ser una
persona o incluso el recuerdo de otra persona, donde había dos ahora hay tres,
y ya estás en una competencia.
La competencia tiene mala prensa,
creemos que ser competitivo es un defecto, nunca una virtud, ¿Pero no es cuándo
no tenemos competencia cuando dejamos de crecer?
El problema de la competencia es
la falsa creencia de que para que alguien gane, otro tiene que perder, para que
alguien exista, otro tiene que desaparecer.
Olvidarte que nada es tuyo y que todo
lo podés perder, te puede dormir... se necesita un buen sueño para despertarse.
Se necesita un buen competidor
para mantenerse despiertos, y crecer. Y no hace falta que otro pierda, la
verdadera competencia es cuando todos de alguna manera ganan algo, no hay
garantía de que el sueño vaya a cumplirse, eso te hace esforzarte para ser
mejor, para que elegirse sea de cada día. De lo que sí hay garantía... es que
si aspiras a ser mejor, no hay manera de que no lo seas.
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